martes, noviembre 09, 2010

Grandes ideas estúpidas o cómo morir con dignidad (sin morir)


Hay algo en lo magnificioso que nos atrae, lo más allá de lo enorme... lo sublime en todos sus extremos polares. Hasta ahí, todo bien, eso incluye una catarata que refracta la luz más allá del arcoiris, una aurora boreal, una milagrosa victoria de alguien que se pensaba perdedor,por ejemplo... o por otro lado; una masacre, una catástrofe titánica que con el tiempo se convierte en una suerte de destino poético, una crisis económica mundial de lo más surreal (que tomamos con pánico o como si no fuera con uno). Por ahí van los tiros...
Curiosamente encontramos en los extremos de lo "enorme" carácteristicas artísticas, y por lo tanto catárticas (si hablamos de "sublime" hemos de ir de clásicos). ¿Pero qué ocurre cuando la catársis de la expericiencia "sublime-enorme-cual Don Giovanni de Mozart" traspasa los niveles de lo diminuto y lo individual... ("lo personal" es un término con el que discrepo, así que hablemos de "lo individual")?
Cuando lo sublime/grotesco traspasa los límites de la conciencia colectiva se transforma en una tortura indeterminada con final abrupto. De ahí el interés público por los mártires, los héroes, las víctimas... son transformaciones de magni-tragedias llevadas a lo  pequeño-pequeñito de lo individual, que ya no es ni personal, sino secreto o intrínseco. Como si con la intensidad de un final abrupto notáramos una especie de nuevo renacer celúleo, cosa muy parecida al sexo... al fin y al cabo todo trata de intensidades extremas. Muerte, vida, grande, pequeño, mío, vuestro. Todo eso refresca nuestra capacidad humana...nos hace sentir dichosos.
Pero...es estúpido... es estúpido venerar los finales abruptos o las grandiosas experiencias engañosas de lo monumental. Evidentemente es impresionante, pero no deja de ser una imbecilidad.
Hace poco vi un video de Damien Hirst ( Do it ,1995) en el que él con pistola en mano reflexiona sobre la mejor manera de acabar con su vida... pistola aquí, pistola allá... y sin duda sentí que es lo mejor de Damien Hirst que he visto. Quizás porque pensé en la posibilidad más que remota de que Hirst se pegara un tiro... sentí lo sublime de creer que él podría morir con dignidad... dignidad catártica, muy simbólica. Pues él no está muerto, aunque su "rol" quizás debería haber apretado el gatillo con final abrupto....

Y sublimemente.... morir.
Mientras... el resto renacemos. Volvemos a empezar.

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